6:30: suena la primera
alarma. Intento ignorarla, pero los espasmos de Sue en la cama hacen que
despierte de golpe. Por unos instantes barajo la posibilidad de un ataque zombi
o de un caso de posesión demoniaca. Luego de preguntar, descubro que se estaba
poniendo los pantalones bajo las tapas.
7:20: segunda alarma. Intento ignorarla, también, pero la puerta se abre y una silueta peluda y con orejas de oso aparece. Sus ojos brillan demoniacamente y una luz incandescente la iluminan por la espalda. Es Sue diciéndome que me levante. Ignorando la primera impresión, su nuevo polerón le queda muy bien.
Hora desconocida, han de ser aproximadamente las 8:00. Tomamos el metro, y subimos al primer intento. Como sardinas, pero subimos. Tomo sorbos de café para llenar mi nariz con el olor del amareto en vez del olor a humano. En metro U.L.A alguien aprieta el freno de emergencia. Nos detenemos por un largo tiempo. Todo parece perdido.
8:30: Salimos del metro, casi íntegras. Cae una suave llovizna en la calle, el día está nublado y supongo que hace frío, pero mi cuerpo, después del metro, no siente nada.
8:34: Sue entra a clases de Geometría. Busco refugio.
8:40 Llego a mi guarida. La antesala de la biblioteca de la FAU está equipada con sillones rojos y techo. Otros se me han adelantado, como una persona de sexo indefinido acurrucada en un rincón, un grupo de estudiantes conectados a internet y un perro. Me instalo junto a la ventana y me conecto a internet. La señal está completa y no me piden contraseña. Me esperan un par de horas aquí.
7:20: segunda alarma. Intento ignorarla, también, pero la puerta se abre y una silueta peluda y con orejas de oso aparece. Sus ojos brillan demoniacamente y una luz incandescente la iluminan por la espalda. Es Sue diciéndome que me levante. Ignorando la primera impresión, su nuevo polerón le queda muy bien.
Hora desconocida, han de ser aproximadamente las 8:00. Tomamos el metro, y subimos al primer intento. Como sardinas, pero subimos. Tomo sorbos de café para llenar mi nariz con el olor del amareto en vez del olor a humano. En metro U.L.A alguien aprieta el freno de emergencia. Nos detenemos por un largo tiempo. Todo parece perdido.
8:30: Salimos del metro, casi íntegras. Cae una suave llovizna en la calle, el día está nublado y supongo que hace frío, pero mi cuerpo, después del metro, no siente nada.
8:34: Sue entra a clases de Geometría. Busco refugio.
8:40 Llego a mi guarida. La antesala de la biblioteca de la FAU está equipada con sillones rojos y techo. Otros se me han adelantado, como una persona de sexo indefinido acurrucada en un rincón, un grupo de estudiantes conectados a internet y un perro. Me instalo junto a la ventana y me conecto a internet. La señal está completa y no me piden contraseña. Me esperan un par de horas aquí.
9:01: Un fuerte dolor en
el costado derecho me hace dudar. Lograré mi objetivo? tendré mi libro de Santiago en 100 Palabras?
09:52: Es hora de ir a mi
destino, metro Baquedano. Debo caminar, pero no sé si el dolor de costilla (que
sí, que es la costilla que me apachurraron en el metro, ya lo descubrí), me lo
permita. Ver que en el diario y en facebook recuerdan el día del libro, me motiva
a seguir con mi peregrinación.
10:10: llegué a metro Baquedano,
linea roja. Le pregunté a un guardia, que amablemente me dice que debo seguir
caminando hasta llegar a la entrada de linea verde. En el camino de salida
derramo sin querer el café que me quedaba. Huyo cobardemente mientras el
guardia se acerca a ver qué fue ese ruido.
10:20: llegué a metro Baquedano, linea verde. Le pregunto a un guardia por la multisala cultural y me dijo que era ahí mismo, donde estaba de pie. Cuando le pregunto por el wifi, me dice que hay que entrar para tenerlo. Tránfugamente me sugiere sentarme fuera de los torniquetes a esperar. En ese instante llega su superior y le ordena echar a todos del lugar.
10:21: Pago para entrar al metro y tener wifi. Desesperación.
10:20: llegué a metro Baquedano, linea verde. Le pregunto a un guardia por la multisala cultural y me dijo que era ahí mismo, donde estaba de pie. Cuando le pregunto por el wifi, me dice que hay que entrar para tenerlo. Tránfugamente me sugiere sentarme fuera de los torniquetes a esperar. En ese instante llega su superior y le ordena echar a todos del lugar.
10:21: Pago para entrar al metro y tener wifi. Desesperación.
10:45: Estoy en la multisala, tirada en el piso. Hay más gente conmigo, esperando. Los guardias se dieron por vencidos. Se descargó mi pc, así que vuelvo al método prehistórico. Lápiz y papel.
11:00: Intento contar cuantas personas están aquí... serán más de 100? Por cierto, es estúpido, pero justo hoy no traigo ningún libro para leer. Me aburro.
Hora desconocida, cerca de las 11:15: Se arma la fila, a la señal de un señor de polera todas las personas que estaban rondando simuladamente el lugar corren a formarse. Quedo en lugar número 13 de la fila. Ver como arman las cosas es un poco mata pasiones. Llegan las cajas.
11:30: Comienza la
entrega de libros. Mientras la cosa se pone en movimiento dudo sobre cual libro
escoger. De la nada aparecen focos y cámaras monstruosas. Las noticias del
chilevision. Como es bien sabido, no es buena idea hablar con ellos, pueden
cambiar todo lo que dices. Por suerte mis audífonos marcan distancia. Lo que
ellos no saben es que se me descargó el mp4 hace rato.
11:45: Me entregan el
libro. Por un lado las cámaras de CHV, por otro las fotos de muchos. Espero no
salir en la tele, porque estoy en modo naufrago. Tengo mi libro (al final elegí
el que no había planeado) y huyo. La final tiene claramente más de 200
personas. Soy afortunada. El paparazeo es un precio bajo a pagar.
12:00: Llego a casa. Mi propósito de ir a clases se desmorona. Desfallezco de hambre.
12:35: Entro a clases de
Morfo. Igual, la hice...
12:50: Salgo a la FAHU a buscar a Don Cándido, pero no lo encuentro. Me estafó. En pleno foro estaban las editoriales independientes, por donde me paseo un rato mientras hago hora par Judo. De almorzar, nada.
12:50: Salgo a la FAHU a buscar a Don Cándido, pero no lo encuentro. Me estafó. En pleno foro estaban las editoriales independientes, por donde me paseo un rato mientras hago hora par Judo. De almorzar, nada.
13:30: En el foro están leyendo los alumnos sus libros favoritos. Mientras como un alfajor, me dejo llevar por las voces amplificadas, hipnóticas y casi inentendibles de mis compañeros de carrera. Hace mucho frío. No sé si considerarlo bueno o malo.
13:50: Me dirijo a Judo, pero... Caigo en la tentación y me hago un autoregalo. En mi poder, la edición conmemorativa de la Antología de Gabriela Mistral. Una ganga. Eso sí, esta semana no como.
18:00: Escapo de clases, corro por los pasillos, destruyendo hojas de
árbol a mi paso. Tengo que llegar lo antes posible al GAM. Mi señora esposa me
espera allá.
18:40: Llego al GAM. Me esperan. Mientras caminamos, notamos que no
fuimos de las primeras en llegar. Agarramos lugar en el piso, muy cerca del
escenario. Y de ahí no nos mueve nadie. Mucho frío. No sé si soportemos sin un
café.
20:00: Comienza la premiación. Todo muy emotivo, muy colorido, muy
interesante. Otros registrarán este momento. Yo solo intento mantener mis
manitas calientes.
21:00: Termina todo. Al final anuncian la entrega de libretas y
magnéticos con los cuentos. Adiós civilización. Intentando conseguir una
libreta para Sue, tuve que recurrir desde caras de penas a tironeos indignos
con la gente. Pero eso no es lo mio. Al final, cuando casi perdía la esperanza,
mi rostro de pena y desesperación llamaron la atención de la “promotora”, que
por sobre toda la gente que empujaba delante y detrás de mi, mientras yo estaba
quieta con la mano estirada. Me entregó suavemente la libreta, y con esto doy
mi día por terminado.

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